Una filial española es un EP de una empresa extranjera, si la filial negocia los contratos firmados por la no residente

El TSJ de Cataluña considera que una filial española funciona como establecimiento permanente de la casa matriz, cuando negocia con discrecionalidad los contratos que son ratificados por la empresa no residente sin modificación sustancial.

Se trata de un supuesto en el que un grupo taiwanés dedicado a la fabricación y venta de productos electrónicos tiene una filial en España dedicada a la publicidad y marketing. La empresa española cobra a su matriz domiciliada en Singapur un precio igual al coste del servicio más un margen del 3%.

La Administración regulariza la situación de la entidad recurrente (matriz domiciliada en Singapur) por concepto de IRNR e IVA pues sostiene que el grupo comercializaba sus productos a través de un EP en España, representado por un lugar fijo de negocios y por un agente dependiente, ubicado en la filial española, que sobre el papel era una mera prestadora de servicios de márquetin y ocasionales de auxilio en las ventas.

Según la recurrente, la filial española no tenía autorización para contratar en nombre y por cuenta de las sociedades no residentes, solo informaba a los clientes sobre las condiciones de venta de esos productos, y actuaba como interlocutora de estos con las empresas vendedoras. Alega que su actividad se limitaba al marketing que, como actividad auxiliar o preparatoria, no provocaba la existencia de un EP según lo dispuesto Convenio con Singapur.

Las razones que llevan al TSJ de Cataluña a concluir que la sociedad de Singapur actuaba a través de EP en España, son las siguientes:

  • Los clientes afirmaron que toda la negociación de compra de productos siempre se hizo a través de los empleados de la empresa española, que sólo negociaron con el personal de la filial española y nunca a través de personal situado en otros países.
  • Quedó acreditado que la filial española tenía una plantilla de 70 empleados y una estructura empresarial propia de la actividad de distribución, pues disponía de cuatro departamentos, frente a uno dedicado al marketing en el que solo trabajaba una persona.
  • La filial española estaba autorizada para contratar en nombre y por cuenta de dichas compañías, pues en las negociaciones actuaba con discrecionalidad, ya que negociaba los márgenes de beneficios con los distribuidores y minoristas.
  • Los contratos alcanzados por la filial española se deben entender ratificados expresa o tácitamente debido a que las empresas no residentes tramitaron todos los pedidos según las condiciones pactadas por la sociedad española.

En conclusión, la Sala consideró que la venta en España de productos comercializados se hacía por el personal de la mercantil española, que estaba autorizada para contratar en nombre y por cuenta de la sociedad no residentes, en el establecimiento de aquélla, con estabilidad y continuidad, por lo que la sociedad singapurense desarrollaba su actividad en España a través de un establecimiento permanente que tenía a disposición en la sede de la filial española.